sábado, 14 de febrero de 2009
Repartir trabajo
A menudo, los países nórdicos se ponen como referencia en cuanto al desarrollo tanto de su Estado del Bienestar como de la estructura y funcionamiento del mercado de trabajo, a la vez que aparecen en la mayoría de rankings entre los países con mayor nivel de desarrollo humano y social, y por eso son admirados el modelo danés de flexiguridad, el modelo educativo finlandés, o el diálogo social de Suecia. Sin embargo, hay un ámbito en el que no tenemos a los países nórdicos como referente, ni a los anglosajones, ni a otras con un alto nivel de desarrollo humano, como Canadá: el ámbito del trabajo a tiempo parcial. Los datos son bastante claros: en Holanda, el 47% de la población ocupada trabaja a tiempo parcial; en Suecia, el 25%, en Dinamarca, el 24%, en Alemania, el 26%, en Noruega, el 28%; ya la Unión Europea, sin tener en cuenta los nuevos miembros de Europa del Este, la media es de casi el 21%. En España no llega al 12,5%, y en Cataluña no llega al 14%.
En los tiempos que corren, un cambio en este sentido puede afectar, en positivo, tanto el concepto que tenemos del mercado de trabajo como su evolución. Puede afectar, para empezar, la manera como entendemos el trabajo, cómo nos relacionamos, y como equilibramos nuestra vida laboral y nuestra vida personal. Y puede suponer también un elemento muy importante para aumentar el empleo, reducir el desempleo, mejorar el consumo, aumentar la flexibilidad y reducir las desigualdades sociales. El impacto podría ser muy importante en nuestra economía; que Cataluña situara su tasa de trabajo a tiempo parcial en torno al 20% podría suponer la creación de 300.000 nuevos puestos de trabajo. Naturalmente, el trabajo a tiempo parcial también conlleva riesgos que hay que neutralizar -básicamente la especial incidencia entre las mujeres, y la necesidad de garantizar el equilibrio salarial con las jornadas completas -, pero su potencial de generar cambios positivos en el mercado de trabajo es muy alto. En este sentido, la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres es un aspecto muy desarrollado en países como Dinamarca (1 de cada 3 mujeres trabaja a tiempo parcial), Suecia (40%) u Holanda (75%), y estas economías tampoco destacan por una especial incidencia del trabajo precario (la temporalidad en Dinamarca no llega, por ejemplo, al 9%).
Posiblemente, sería interesante impulsar medidas que incentiven la contratación estable a tiempo parcial, sobre todo de personas que estén en situación de desempleo, con garantías en cuanto sus condiciones de trabajo. Es un planteamiento aplicable a la mayoría de sectores económicos, que puede afectar a un amplio abanico de niveles de cualificación, y que puede permitir tener equipos humanos más ricos, diversos y satisfechos.
La crisis económica de principios de los años 80 incorporó a nuestra cultura el concepto de trabajo temporal (que aún conservamos) para hacer frente a la escasez de puestos de trabajo y la dificultad de crear nuevo empleo, creando incluso estructuras y figuras nuevas (las empresas de trabajo temporal), que todavía forman parte de nuestro mercado de trabajo. ¿Podría ser ahora el trabajo a tiempo parcial una manera de impulsar los cambios que necesita el mercado de trabajo? Seguro que merece la pena considerar esta opción.
Escrito por Joan Miquel Piqué
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